A las 5 de la tarde, Rafael Moreno Valle recibió una llamada a su celular.
Estaba en su casa, con su esposa.
Cuando vio el identificador de llamadas, tomó aliento, se levantó del sillón de su sala y salió al jardín: tomó más aire.
Respondió simulando una voz tranquila.
Era de la presidencia de la República.
Al otro lado de la línea, una voz conocida terminó por apaciguar la guerra interna del candidato de la Coalición Compromiso por Puebla.
El mensaje fue corto, pero contundente: “está confirmado: ganaste la gubernatura por 6 puntos… tal vez más”.
La llamada había terminado.
Y una nueva historia para Puebla había comenzado a escribirse.
Esa mañana, Rafael Moreno Valle confesaría a su esposa Martha Erica que había tenido un sueño: un presentimiento.
Por extraño que parezca, durmió bien y se despertó al alba: se bañó con agua caliente y puso a todo volumen su CD preferido: hasta cantó en la regadera.
Desayunó bien.
Se vistió con sus botas de campaña, pantalón beige y su eterna camisa azul con el logotipo de la coalición.
Recibió a sus papás en su domicilio, después llegó su equipo de campaña, algunos candidatos a diputados, Humberto Aguilar. Bromearon, se alentaron y todos lo acompañaron a votar.
Fue a las 12 del día cuando el nervio lo volvió a atormentar, aunque los primeros informes que empezaron a llegar desde las 10.30 de la mañana señalaban una tendencia arriba de su competidor, Javier López Zavala.
Es cierto que desde el debate se sentía más seguro y confiado, con la posibilidad real de llegar a Casa Puebla, y todavía se incrementó esa sensación tras el cierre de campaña en el estadio Cuauhtémoc.
Pero fue la llamada de las 5 la que lo ubicó en su realidad: había ganado la elección: ahora le tocaba defenderla.
Fernando Manzanilla, Marcelo García, Luis Bank, Mario Rincón, el Tigre, Eukid Castañón, Pablo Rodríguez Regordosa, su asesor Cuauhtémoc Sánchez Ocio y un hombre no identificado pero que trabaja en los Pinos, para el presidente de la República, eran los que cotejaban directamente desde el bunker, todo el tiempo, los resultados preliminares de distintas encuestadoras: BEAP, Indicadores, Blanco y Asociados, Liébano Saenz, Parametría y Mitofsky.
Moreno Valle optó por no mirar el reloj, ni esperar reportes, ni leer la prensa.
Sólo esperó la llamada.
La señal.
Nunca se enteró que 6 automóviles con el medallón de Rafa, estacionados frente al hotel Presidente Intercontinental fueron despedazados, ni que 40 pandilleros apedrearon y lanzaron cuchillos a la casa de campaña Saldivar, candidato del distrito 1, ni que en el bunker zavalista se mantenía la versión de que el PRI estaba ganando el estado con 10 puntos contundentes de ventaja.
Pero las 6 de la tarde, el hotel Presidente Intercontinental era una fiesta: Pablo Rodríguez salió a dar la primera rueda de prensa de la noche: si no fuera por su cabellera repleta de canas, se diría que había rejuvenecido 10 años: la sonrisa apretada para que no se expandiera lo decía todo: empezaron los aplausos, las porras, las lágrimas, los gritos de las chavitas coreando ‚ÄòRafa‚Äô.
El contagio de la euforia.
Empezaron a llegar los panistas, los perredistas, los de convergencia, los maestros, y hasta los Yunques: la ultraderecha recalcitrante se creyó protagonista también.
Un mosaico antes imposible ahora se abrazaba cómplice: Toño Sánchez, Jorge Ocejo, José Antonio Díaz García, Francisco Fraile, Mondragón, con el niño Naranja, Cabalán Macari, Miguel Ángel de la Rosa y Luis Barbosa: todos dándose plamaditas en la espalda, como los amigos que nunca fueron y que posiblemente jamás serán.
Ya en ése momento la felicidad era descarada: Mario Rincón desde su nextel, ordenaba la colocación del templete en el zócalo, la contratación de luz y sonido con su respectivo grupo musical: “¡hay que hacer los preparativos para festejar!… y pensar que renuncié al ayuntamiento, al PRI, hace tres meses” confesaba mostrando todos sus dientes.
El peregrinaje en las siguientes horas aumentó: se tuvo que ampliar la sala de prensa: todos los medios, las televisoras, los camarógrafos, y todo tipo de colados.
Para las 8 de la noche se ignoró el mensaje triunfalista de Javier López Zavala.
Nadie le creía: lo visto no era juzgado.
El aire a cementerio en el bunker zavalista decía más que mil palabras.
Ni el retraso en la emisión de las encuestas de Mitosfky ni la actitud estilo Pilatos del CISO de la BUAP alcanzaron para que renacieran las esperanzas del tricolor: la encuesta de TV Azteca con 9 puntos, y un par de horas después, la de Televisa Mitofsky con 6 puntos, en cadena nacional, a favor de Moreno Valle sepultaban cualquier aspiración: la diferencia de puntos era contundente, tanto, que dificultaba para el Pri la judicialización del proceso.
Y a menos que sucediera un milagro para las siguientes horas, Rafael Moreno Valle está a punto de convertirse en el primer panista en pisar Casa Puebla.
La catástrofe de Z
1.- Desde el cierre de campaña de Zavala, tal y como lo advertimos en este espacio, en aquel domingo en el estadio Cuauhtémoc, se mostró una falta de organización, planeación, y lo peor: la incapacidad de respuesta ante la adversidad, tanto del candidato Zavala como del presidente del PRI, Alejandro Armenta, que orilló a los zavalista a suspender el acto más importante de toda la campaña: el cierre.
2.- Tuvo que intervenir el gobernador con un golpe sobre la mesa para despabilar a un equipo cegado, confiado: “el evento se hace porque se hace” fue la contraorden de Marín. Las prisas y la presión mostraron un cierre de campaña deslucido, con discursos gastados, descafeinados: era el principio del fin.
¿Cuál era el motivo de los zavalistas para fallar de esta manera, aún con todo el peso del aparato gubernamental como respaldo?
La respuesta era obvia: el exceso de confianza.
Pero pocos tuvieron la madurez y la conciencia para advertir los primeros indicios de la falta de previsión y errores básicos de planeación.
2.- Desde José Luis Márquez, Jorge Estefan Chidiac, Alejandro Armenta y Pérez Marín, pasando por los ‚Äòvalores jóvenes‚Äô como Paco Ramos y Mario Marín Junior, así como los brazos cruzados de Chucho Morales, Enrique Doger, Carlos Meza y Blanca Alcalá; pésimos candidatos a diputados: todos contribuyeron a una derrota que se veía venir creciendo.
Como una bola de nieve.
Y que terminó por convertirse en una avalancha.
3.- Por algo la soberbia es un pecado capital: y ese fue el caso de la burbuja zavalista: el que no estaba con ella y dentro de ella, estaba ‚Äòcontra ella‚Äô. El resto de las corrientes priístas fueron desplazadas e ignoradas. De ahí nació un resentimiento que fue aprovechado por el adversario. Rafael Moreno Valle se dedicó a negociar compromisos con los priístas rechazados.
4.- De ahí se desprende la peor tragedia del tricolor: que la traición se jugara desde el interior de las filas del PRI. Fue el ‚Äòfuego amigo‚Äô uno de los factores contundentes para que Rafael Moreno Valle pudiera ganar.
5.- A eso hay que agregarle a las fuerzas que se unieron en una Coalición de 4 partidos tan distintos entre sí, para apoyar a Moreno Valle, alianza a la que pocos apostaron en su funcionamiento y eficacia, pero que al final de camino, logró derrotar a uno de los hombres más efectivos en la operación electoral: al gobernador Mario Marín Torres.
6.- Jamás pudo concretarse la operación cicatriz priísta, tras las elecciones internas de selección de candidatos a diputados y presidentes municipales.
¿Por qué? Debido a que López Zavala prometió a distintos grupos de un mismo municipio posiciones, con tal de obtener su apoyo, que a la hora de la repartición, no puedo quedarles bien a todos: otra vez sale el resentimiento y la intervención oportuna de Moreno Valle.
7.- La diferencia de votos en este momento es tal, que el sol ya no se puede ocultar con un dedo: los resultados demuestran que el gobernador se equivocó al imponer con calzador a López Zavala como su sucesor. A fuerza, ni los zapatos entran.
Ahora es evidente que Mario Marín se equivocó al premiar la lealtad, en vez de la capacidad.
8.- El PRI erró al aportar por una campaña de miedo y de escándalo: eso alejó más a la gente de las urnas, pero también del tricolor.
9.- Si como todo indica la tendencia es irreversible, la victoria de Rafael Moreno Valle marcará un parteaguas en la historia política de Puebla: un verdadero reto para la incipiente democracia de nuestro estado, ya que el próximo ejecutivo estatal deberá de aprender (y con rapidez) a cogobernar con 4 partidos, tan distintos y hasta divergentes en su ideología: será un verdadero reto y un dolor de cabeza para el nuevo gobernador.
O dígame, ¿se imagina a Moreno Valle obedeciendo ciegamente al Yunque, al PAN y su tradición de ‚Äòel que obedece no se equivoca‚Äô?
Por supuesto que no.
10.- Lo mismo ocurrirá con el Congreso del estado, en donde se terminará la mayoría priísta, y por tanto, la ‚Äòaplanadora‚Äô que obedecía ciegamente las instrucciones del gobernador en turno.
11.- Cosa curiosa, los principales adversario de López Zavala, pronto serán diputados plurinominales: Enrique Doger, Chucho Morales y Víctor Hugo Islas. Interesante ¿no?
Correo: losconjurados76@hotmail.com
Correspondencia: Tribuna Radiofónica 3 Sur 107, 5to. Piso Centro Histórico. Nos sintonizamos en el programa radiofónico ‚ÄòMujeres de 10‚Äô, de lunes a viernes en la 1250 AM a las 11 de la mañana.
Erika Rivero Almazán
Nota original de e-consulta.com
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